miércoles, 16 de mayo de 2007

HUEHUETENANGO

Desde el día en que vi a Rocael Palacios
cruzar el hipódromo
con las gafas azuladas que llevara su padre,
el descendiente de Bernal del Castillo,
con la espada, las liebres detrás
caballos submarinos, ligeros desvanecimientos
en las gradas…
Huehuetenango, lo dije,
vi a Rocael Palacios después en mis sueños,
el mar, el Día de la Independencia, Jalapa,
todo junto ardiendo con marimbas
y pacíficos huesos iluminados por fantasmas
¿Cuánto cuesta una alcaparra de más a los
envanecidos turistas? Pues
para los hijos de Rocael Palacios unas
horas juntas de miseria
que contrapuntean, en derredor de las calles
de Huehuetenango,
indios armados hasta el Popol Vuh.
Nos esperan los chicos del Partido
locuaces y bromistas.

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