jueves, 10 de abril de 2008

LA BANDERA

En mi modesto apartamento
mientras busco trabajo alrededor
de mi ombligo, me invade la fatiga
y pienso en lo que ha sido
la historia de esa ilustre descendiente
de menguados patricios, cuya sangre
recorre los caminos de mis venas,
osea, yo.

¡Concha del mundo! No es lo que me gusta,
pero ¿qué puedo hacer?

El barrio es una charca de caimanes
y más allá se extienden los pantanos.
Escribiré poemas. Pintaré
sus ojos silenciosos y mis ansias
de guerra, elevaré mi voz
sobre la selva temerosa y muda
y colgaré mis calzones en el mástil
más alto del Palacio Nacional.