Al mejor amigo de mi padre lo devoró una planta carnívora.
Desde entonces papá lo añora con mucha pena.
Su nostalgia se percibe intensamente.
Mamá le ha regalado
para las noches suyas cuando sale al jardín
a vigilar los hormiguillos
unos ponchitos naranjas
y parece una vela
que atrae a los insectos gigantes y aterradores
los que ponen huevas más grandes que los gallinazos
y a veces surgen de las tuberías
pesados por la savia de los humedales
e indagan el ciego aire lleno de vapor y mueren.
Para mí casi son peor muertos que vivos.
martes, 4 de diciembre de 2007
Suscribirse a:
Entradas (Atom)