Era como la noche del Pacífico
aquel negro y corría detrás de la camioneta.
La imprecisa luz de los candiles, en sus
ojos alzaba un punto la angustia.
Inadvertidas danzas, plátanos en la noche
de San Marcos y música y ríos.
Leí el cuento donde los árboles
se echaban a andar y después
le dije a mi amante, no sé aún por qué:
¾¿Quiénes te gustan más?
Advertí la crueldad de sus ojos
Ya no se oía la camioneta. Me quité
las barbas postizas, y el ancla.
jueves, 30 de agosto de 2007
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